viernes, 1 de enero de 2010

LA VIDA ETERNA (Fernando Savater)





Para dar la bienvenida a un longevo nuevo año, que por mucho que me empeñé vivirá lo mismo que el anterior, comento un libro sobre la religión de Fernando Savater, un Savater más comprensivo con la espiritualidad, menos visceral, menos anticlerical. No quiero decir que se haya vuelto creyente o afín de alguna forma a ningún tipo de religión. Pero hay una parte del ser humano que se pregunta por el sentido de la vida y de la muerte, y ahí tiene cabida cierta “religiosidad”, un sentimiento “sagrado” entendido como muy importante para establecer normas de convivencia y de moral, aunque no tenga que ver necesariamente con lo sobrenatural. Su posición me recuerda ligeramente a la famosa cita de Einstein: “la ciencia sin religión está coja; la religión sin ciencia está ciega”.

Este aprecio a lo espiritual, o más bien diría yo, al respeto de la vida interior es algo con lo que yo siempre he estado de acuerdo. Pero lo que aquí escribe el mordaz filósofo resulta un pelín ambiguo o confuso. Recuerdo los libros que dedico a su hijo, Ética y Política para Amador, y los recuerdo como de una lectura muy amena y claridad expositiva. Sin embargo ahora parece que Savater escribe mucho más enrevesadamente, o al menos, eso me lo parece a mí, porque incluso el complejo asunto de Nietzsche me pareció más o menos descrito con acierto en su “Idea de Nietzsche”. Pareciera que su intelecto estuviera harto de verse en la necesidad de desmarañar tantos asuntos y afinidades entremezcladas: sus posiciones con respecto al País Vasco, los GAL, su proximidad al PSOE y su posterior ruptura… es como si se hubiera sentido molesto de haber estado cerca de quien ha estado, como si lo hubieran intentado reclamar para sí mismo durante demasiado tiempo, y ahora escribe con una artificial independencia que parece querer marcar más las distancias con todo el mundo, que establecer con claridad suficiente su posición sobre los temas de los que trata concretamente.

¿CAMBIOS DE OPINIÓN SAVATERIANOS?

Savater apoyó al centro izquierda y ahora parece hacerle guiños al centro derecha. ¿Es un chaquetero? ¿O quizás fue el PSOE quien se cambio de chaqueta al flirtear con los nacionalismos? ¿Acaso no flirteó la derecha con el PNV? ¿O simplemente Savater se hace más conservador como ha reconocido en alguna ocasión? El cambiar de opinión es algo legítimo, pero parece que necesita cierta dosis de racionalidad. Comparto la preocupación de sus seguidores, cuando ven a un filósofo de altura que les cautivó y que ahora vira hacia la derecha. Pero no dejo de preguntarme si no fue la izquierda progre de los años 80 la que escuchaba a un filósofo ilustrado, mordaz y aplasta-mitos conservadores, y no el filósofo a esa izquierda. Cuando Savater criticaba a todo tipo de nacionalismo, parece que aquella izquierda solo se quedaba con la crítica del nacionalismo español, y apartaba a un lado el resto, incluso sus distancias de los dogmatismos marxistas y de partido. Y ahora, cuando el filósofo le da caña a esa izquierda, ésta le acusa de no haber sido nunca de izquierdas… ¿Entonces quién es el que cambia de opinión?

Para ilustrar un poco más estos cambios pego lo encontrado en la wikipedia.

En los setenta se le consideró durante mucho tiempo discípulo de Agustín García Calvo, pero a partir de 1981 sus caminos se separan ostensiblemente. Como escribe en su autobiografía Mira por dónde, «fue fundamental en mi devenir intelectual y moral encontrarle, no menos que luego despegarme de él».[2] [...] Su filosofía política ha evolucionado desde el pensamiento negativo libertario, antiprogresista, que mantuvo en los setenta al individualismo democrático, socialdemócrata, liberal y universalista de su etapa posterior. El punto de inflexión del Savater joven al maduro puede situarse en La tarea del héroe (1981), donde escribe: "He sido un revolucionario sin ira; espero ser un conservador sin vileza" [...] En el terreno de los hechos, se opone a aquellos partidos que hacen de la exaltación patriótica su seña principal de identidad. Su evolución ideológica quedó de manifiesto en la polémica que mantuvo con el también filósofo vasco Javier Sádaba, con quien escribió en los ochenta el libro titulado Euskadi: pensar el conflicto (Edic Libertarias, 1987), a la vez que apoyaba con su firma la legalización de Herri Batasuna. Su evolución ideológica y filosófica le ha llevado después a posturas claramente antinacionalistas, que lo han convertido en uno de los referentes para los ciudadanos del País Vasco que se sienten oprimidos por el nacionalismo vasco. Savater considera la política del PNV y EA excluyente, decimonónica y complaciente con el terrorismo etarra. Sin renunciar a su condición de vasco, se considera antinacionalista y rechaza el vasquismo, postura que califica de "amable tontería".[4] Es, asimismo, un activo colaborador de la asociación Ciudadanos de Cataluña. Savater, defensor de la Constitución Española, del estatuto de Guernica y de la unidad del Estado (no como dogmas indiscutibles sino como opciones mejores que las que proponen sus adversarios), ha expresado en numerosas ocasiones su oposición a todo tipo de nacionalismos y su deseo de superarlos en beneficio de un ideal de humanidad universal compartida, traducido en un organismo gubernamental con autoridad mundial sobre los gobiernos de los estados nacionales, que sirviese para resolver las disputas y realizar las labores administrativas de utilidad común.

¿SAVATER BATASUNO?

Pero hay otros cambios demasiado radicales, quizás solo rumores sabiendo de quien vienen, que necesitarían ser explicados. Recuerdo cuando Arzalluz hizo algún comentario sobre el supuesto pasado batasuno de Savater, incluso Ibarra hizo lo mismo en unas declaraciones a la Cadena Ser (el audio aquí), y el fachilla César Alonso de los Ríos también. En una noticia del País (16-10-1981) que no he podido contrastar se dice que Savater acudió a unas conferencias de presos etarras (“Los presos de ETA organizan un ciclo de conferencias en la prisión de Nanclares”). No conozco la reacción de Savater a todas estas acusaciones y sería bueno leerlas (si algún navegante las conoce que las diga). De todo esto se han hecho eco algunos foros. Por ejemplo en éste se acusa a Savater de que escribía en EGIN y de que era prácticamente nacionalista o simpatizante del nacionalismo vasco. Sobre lo primero no hay referencias, tan solo un supuesto artículo de Iñaki Anasagasti (Diario 16, 2001-05-9) que no contiene referencias ni fechas por ningún sitio, y en el que se cita algunos párrafos de Fernando Savater (no obstante lo relevante es lo que dice y no donde lo dice):

"... nunca dudé del derecho de los vascos al pleno reconocimiento de su lengua, sus costumbres, sus peculiaridades y su autodeterminación política plural y democrática. Sigo, desde luego, pensando exactamente lo mismo".

"... lo que no llega a aceptarse es que el nacionalismo vasco no es el capricho absurdo de unos pocos ni una autonomía de esas postizas que ahora gustan tanto a los nuevos jacobinos, sino una decisión irreversible y mayoritaria, con auténticas raíces y abonada por años de marginación y que nada sacará la democracia intentando cocear contra él explícita o disimuladamente... ".

De ser cierto, habría que corroborar el año en que publicaba esto, porque no es lo mismo ahora que con el franquismo. Cuando tu pellejo peligraba por culpa de la dictadura, todos los disidentes y sus causas guardaban cierta cuarentena de legitimidad, no solo estratégica, sino intelectual, porque primero estaba quitarse de en medio la opresión y luego habría tiempo de saber si era mejor estar en un partido u otro, ser comunista o socialista, ser patriota o anarquista.

En el mismo foro, otro supuesto artículo de Josu Erkoreka del cual ni siquiera se da referencia, cita el libro “Contra las patrias” de 1984 porque parece que allí, el filósofo vasco era comprensivo con los orígenes y la aceptación social de ETA en aquellos tiempos… algo que todo el mundo puede comprender, tanto si lo legitima como si simplemente constata que era un hecho social, aunque no lo comparta. En el caso de Savater, la cita del foro no deja más pistas, pero si uno mira el texto del libro se dará cuenta de que otras partes han sido convenientemente silenciadas (ver también entradas 2, 16, 19 y 30 para otros temas, como el del idioma) para que imaginemos a un Savater batasuno que se pasa a la causa anti-nacionalista de manera caprichosa:

Deploro el nacionalismo como una de las peores enfermedades políticas de nuestro siglo, sin cuya curación o alivio es difícil imaginar cualquier profundización del proceso democrático. Admito -como todo el mundo, por lo visto- el derecho a la autodeterminación de los pueblos, pero tengo mis reservas en cuanto a lo inequívoco de las palabras "derecho", "autodeterminación" y "pueblo". Por otro lado, creo que no es necesario compartir la pasión nacionalista para apoyar el derecho a su más libre expresión, lo mismo que no es preciso ser creyente para reivindicar la libertad religiosa. En el caso concreto de España, prefiero un sistema democrático, con libertades garantizadas y aspiración efectiva a la justicia social, sea cual fuera su simbología nacional o la articulación de sus partes, que cualquier concepto místico de la nación que me pueda obligar a vivir en una sucursal de Chile o de Albania. El fenómeno nacionalista sólo me preocupa en cuanto pueda facilitar o impedir la efectiva libertad política del Estado en que vivo y nada más que por eso.”
Además, resulta que tengo en casa el libro de Savater "Las razones del antimilitarismo y otras razones", también de 1984, y en él, en el capítulo "Reivindicación de una España invertebrada" (ironizando sobre la idea de considerar el ejército como elemento vertebrador del Estado, según Felipe González en un artículo de El País en 1982) dice lo siguiente:

"En modo alguno pienso unirme al coro farisaico (o simplemente bobalicón) de los que se rasgan las vestiduras 'de izquierda de toda la vida' al ver a Felipe González oyendo misa en la División Acorazada o depositando flores a los caídos: si a tanto zopenco post- cristianoide y neo-estaliniano no le gustaran demasiado los aquelarres de ETA (y de eso sí que debería avergonzarse en cuanto hombre de izquierdas), [...]"

Con todo esto parece claro que los reproches de quien acusan a Savater de haber justificado alguna vez el terrorismo o el nacionalismo, son rotundamente falsos. Si existieran citas más comprometidas, justificadoras aunque fuera del atentado contra Carrero Blanco, ya se las habrían sacado, digo yo. Pero quizás sea cierto que de aquí a una parte, Savater haya sido especialmente virulento con el nacionalismo vasco (y que antes fuera más tolerante)… pero teniendo en cuenta la virulencia de algunos nacionalistas vascos con él, cabe preguntarse si no es humanamente comprensible que quieras linchar intelectualmente a quienes te quieren matar físicamente. Yo, si me pongo exquisito, habría esperado de Savater una mayor amplitud de miras, una perspectiva más filosófica que política o personal… pero claro soy yo, que nadie me amenaza de muerte cada dos por tres.

No es lo único en lo que yo he percibido que ha cambiado. Ahora, por ejemplo, no pone obstáculos al matrimonio homosexual, pero cuando se discutía la ley antes de su aprobación, él manifestó que la polémica capacidad de adoptar debía ser un recurso al que poder echar mano solo cuando no fuera posible que adoptaran un hombre o una mujer.

El caso de la Guerra de Irak también se puede mencionar, como vinculado a la losa de ETA. La amenaza y el miedo etarra que se cierne sobre todo anti-nacionalista como él, parece que le ha tocado su capacidad para razonar, porque todo parece interpretarlo en esa clave. El que es nacionalista ya pierde legitimidad al apoyar alguna causa justa… simplemente porque es nacionalista. Está claro que la ETA es un grupo de asesinos e intolerantes que para colmo se creen salvapatrias, pero hay un mundo más allá del nacionalismo y del anti-nacionalismo. Y hacer depender el acierto o legitimidad de los actores cuando se oponían a la guerra de Irak (Savater también) de sus previas críticas a ETA era algo totalmente fuera de lugar. La fuerza de su protesta anti-bélica (la de Savater, no la de los actores) se vio minimizada por su necesidad de desvincularse de todo aquel con el que puntualmente coincide en algo, refirmando su autonomía con el resto de asuntos y manteniéndose inmaculado sin posibilidad de contagio de ningún otro gremio. Creo sinceramente, que está demasiado obsesionado con el tema de ETA, y a una persona normal se le perdonaría, pero a un intelectual tan brillante como él, se le exige un poco más.

PERO VOLVAMOS A LA RELIGIÓN…

La religión en su acepción más ortodoxa, e incluso radical, está ganando terreno. Lo mismo se puede decir de diversos esoterismos. Me pregunto si se debe a esa función que tradicionalmente se le atribuía a la religión, y que según el autor todavía no ha sido resuelta. La religión trataba de dar explicación a la pregunta de dónde venimos, adónde vamos y los valores morales mientras estemos donde estamos. Pues bien, la segunda, es decir la muerte, es la que está prácticamente en el mismo sitio que desde el principio. Fernando Savater reflexiona con brillantez sobre el tema de la muerte, en el segundo y el quinto capítulo de su libro.

“Por triste que resulte, nuestros semejantes más queridos no son incompatibles con la muerte. Todo lo contrario. Por eso les amamos porque son irrepetibles y fatalmente vulnerables; el amor es la inquietud por lo que podemos perder, el ciego deseo incondicional de que siga existiendo lo que puede dejar de existir. […] el amor es […] deseo de inmortalidad: pero ante todo deseo de inmortalidad de quien amamos, afán que hace olvidar la muerte propia a quien ama. Es psicológicamente imposible amar lo indestructible, lo imperecedero, lo eterno. Podemos necesitar a dios (o necesitar que dios nos ame y nos rescate) pero no podemos estrictamente amarle, del mismo modo que no podemos amar el Universo. De ahí la genialidad de la idea cristiana de promover un dios o una persona divina que se hizo hombre, mortal y torturado, a fin de que nos pudiésemos enamorar de él.”


En el tercer capítulo hace un repaso de los más ilustres filósofos que han tratado el tema de dios, y en concreto al problema del mal; ¿Si existe dios por qué permite el mal? Algunos dicen que una vez creado el Universos, Dios nos deja libertad para elegir y se abstiene de intervenir. ¿Entonces por qué rompe su promesa e interviene con sus milagros? Y no basta con darles castigo a los malvados, debería impedir el sufrimiento antes de que sucediese. La respuesta suele ser que los caminos del señor son inescrutables que no tenemos suficiente cerebro para conocer la voluntad divina. Esta explicación no solo es una humilde confesión de ignorancia, sino una abdicación del conocimiento que entrega el poder a quien más cerca esté de ese supuesto Dios que permite el mal.

Algunas creencias más o menos retorcidas (como creer en la creencia de dios, idea desarrollada por Dennett, y que viene a ser algo así como tener fe en que creer en dios es positivo de alguna forma, incluso cuando uno ya no cree en dios) y la idea evolutiva de atribuir intencionalidad a diversos peligros naturales como origen de las divinidades (explicada mucho mejor por Dawkins en “El espejismo de dios”, autor del que apenas menciona algo*, siendo uno de los bastiones del nuevo ateísmo científico) son algunas de las ideas que recoge de recientes filósofos. Pero el que realmente se lleva el premio en cuanto reflexiones sobre la religión es David Hume de quien dice refiriéndose a su obra “Diálogos sobre la religión natural”:

“Demuestra que no hay razones para creer que el Universo es un reloj que precisa de un relojero, ni para fabricarlo ni para ponerlo en hora […] una obra tan excelentemente argumentada y trabada que consigue descartar definitivamente del mapa intelectual las tesis que combate.”
Curiosamente Hume no fue abiertamente ateo, y publicó esta obra póstumamente. Y por cierto el ateísmo, reflexiona Savater, es hijo del cristianismo. Porque fue precisamente el cristianismo quien enarbolo la bandera de la verdad frente a la simple felicidad de los griegos, y frente a la obediencia a la religión oficial del imperio romano. Una verdad excluyente que se debía investigar a toda costa, una verdad que debía tener su propio campo ausente de toda presión (darle al César lo que es del César, y la posterior separación de Iglesia-Estado). El problema es que el cristianismo pervirtió todo eso y se hizo religión estatal y se volvió sanguinario e intolerante. Y al eliminar toda posible convivencia con otros cultos religiosos (porque los cristianos tenían la única verdad posible y tolerable) fueron aniquilando todas las demás, hasta que al no quedar ninguna, surgió el ateísmo como consecuencia de querer seguir investigando la verdad. Por todo esto, cuando algunos apoyan que se introduzca alguna referencia a las raíces cristianas en la futura constitución europea, caen en la paradoja de querer promover justamente lo que detestan. Las verdaderas raíces cristianas conllevan el ateísmo y el laicismo en su seno (laicismo es sinónimo de laicidad y de aconfesionalidad, aunque algunos interesados quieran hacer al sufijo –ismo un poco más virulento).

“La política de los profetas” es el título del capítulo sexto y presenta a la religión como causa de guerra en numerosas ocasiones. Pero no son los textos sagrados de los monoteísmos de masas los causantes directos, sino más bien las circunstancias históricas y los profetas del momento, que han usado todo la crueldad que rezuman sus libros sagrados para imponer por la fuerza sus creencias. Pero Savater puntualiza que todos esos textos también tienen párrafos llenos de bondad y ejemplaridad con el prójimo. Me pregunto si en vez de religión estuviésemos hablando de ideología nacionalista, dejaría pasar tan inocentemente a los textos nacionalistas por sus páginas.

Incluso el islam, que no ha sido tan nocivo en el pasado como ahora, tiene una mayoría de adeptos pacíficos. El problema parece ser, según Savater, político y no religioso. Por tanto el islam sería compatible con cierta forma de democracia. Algunas reacciones frente al islamismo radical son analizadas en clave de derecha e izquierda, y muestra como las tradicionales posiciones de valores han cambiado en uno y otro bando, consiguiendo a veces lo contrario de lo que se pretende.

En cuanto a los símbolos religiosos, él no es partidario de apartarlos todos de la vida civil, aunque si dejar claro que están supeditados a ella, es decir, la gente puede hacer ostentación de sus creencias en la sociedad, pero debe saber que la sociedad laica está por encima de sus creencias en caso de conflicto entre unos y otros. Así por ejemplo, el derecho de los padres a criar a sus hijos en la religión que ellos quieran, no debería pasar por una asignatura evaluable gestionada por el obispado y a cargo del erario público. Y en todo caso, el estado debería impedir que esos niños estuvieran blindados a otras concepciones religiosas o morales. De hecho apoya la idea de Dawkins de que no se debe asumir que el niño es cristiano porque sus padres sean cristianos. Pienso que esto es un poco contradictorio, porque no creo que Dawkins apoye el derecho de los padres a educar a sus hijos en su fe, ya que incluso piensa que es un peligro adoctrinarles en religión aunque no sean fanáticos. Éste es uno de esos ejemplos en los que veo que Savater pierde claridad. De la misma manera parece declararse partidario de los magisterios no solapados, algo que impediría criticar la religión con argumentos científicos. Dawkins fue muy claro al respecto, y me deja insatisfecho que Savater que no profundice en ello (quizás su libro se publicó antes que "El Espejismo de Dios"), tan solo se limita a comentar que la ciencia no aporta tanto consuelo como la religión, ni sirve para cuestiones sociales o existenciales.


Sí coincide con Dawkins en que la religión no es fuente de moral, sino a la inversa. Toda religión medianamente inteligente acude a la moral para poder seguir existiendo. Y es más bien la obediencia, más que la ética autónoma lo que se busca en la religión. Desde esa concepción básicamente anti-autoritaria, Savater se burla de aquellos no-religiosos que dicen lamentarse de su falta de fe, como si fuera deseable un "déspota sobrenatural" o un "Universo así". Hombre... si realmente existiera y nos tuviera guardado un trocito de cielo, esos detalles sin importancia como las guerras, el hambre, la injusticia y las enfermedades se le podrían perdonar a ese dictador divino. Esta crítica no es muy fina, porque además se centra en un Dios intervencionista, pero deja de lado la posibilidad de un dios simplemente creador del Universo.

Al final del libro se recogen algunos artículos del tema que le ocupa, sobre laicismo, educación religiosa y la famosa educación para la ciudadanía, la mención cristiana en la constitución europea etc... Entre todos ellos cabe destacar el de "Fanáticos sin Fronteras" sobre las caricaturas de Mahoma. Savater se define del lado de la libertad de expresión y de la libertad religiosa (porque en último término los musulmanes intolerantes persiguen en convertirnos a todos a su creencia religiosa) y en contra de quienes condenan las caricaturas, ya sea por convicción religiosa fanática que les impide respetar la libertad de expresión, o por miedo a represalias. La religión puede expresarse públicamente, pero en cuanto entre en el terreno de lo público está sometida a crítica, por muy irreverente que ésta sea. Lo de ofenderse constantemente por las críticas no es democrático, porque los ateos también podrían sentirse ofendidos y su fe anti-religiosa también es digna de protección. Ambas posiciones deben coexistir en democracia, y ninguna puede tomarse la justicia por su mano, ni gozar de mayor protección jurídica que las demás.


EDITO: El estudio que cita Savater sobre las creencias religiosas de los científicos (recogido a su vez de un libro de Humberto Veronesi) está equivocado tanto en fechas como en nombres. No se trata de William, sino de Witham, y no es de 1998, sino de 1996.

 * En un artículo posterior Savater se distancia del nuevo ateísmo científico, ver aquí

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